El proyecto vital de Ramón Llull a la luz de la inteligencia espiritual

 

Ramon Llull’s Vital Project in the Light of Spiritual Intelligence

 

Joan Andreu Alcina

Director Institut Superior de Ciències Religioses de Mallorca (ISUCIR)

joanandreu1967@gmail.com

 

Resumen

Este artículo aborda la espiritualidad de Ramón Llull a partir del modelo de la inteligencia espiritual. Teniendo en cuenta las principales dimensiones de la inteligencia espiritual (la inteligencia lingüística, la inteligencia artística, la lógico-matemática, la corporal y cinestésica, la espacial y visual, la intrapersonal, y la inteligencia ecológica) se va mostrando cómo tales dimensiones están presentes en algún aspecto de la vida o de la obra de Llull. La conclusión a la que se llega es que Ramón Llull vivió una vida realizada a partir del proyecto existencial que fue capaz de construir a lo largo de su vida.

Palabras clave

Inteligencia espiritual, espiritualidad, mística sapiencial, amor

 

Abstract

This article addresses the spirituality of Ramon Llull from the model of spiritual intelligence. Taking into account the main dimensions of spiritual intelligence (linguistic intelligence, artistic intelligence, logical-mathematical, corporal and kinesthetic intelligence, spatial and visual, intrapersonal, interpersonal and ecological intelligence) it is shown how such dimensions are present in some aspect of Llull’s life or work. The conclusion reached is that Ramon Llull lived a life realized from the existential project that he was able to build throughout his life.

Keywords

Spiritual intelligence, Spirituality, Sapiential mysticism, Love

 

 

 

 

 

Introducción

Si para comprender la aportación intelectual de un pensador es importante conocer las líneas generales de su vida, en el caso de Ramon Llull ello se hace todavía más patente y acuciante. Personajes como Sócrates, Pablo de Tarso, Agustín de Hipona, Kierkegaard, Wittgenstein son ininteligibles al margen de su periplo existencial. En el caso de Ramón Llull, pasa exactamente lo mismo. Su obra está intrínsecamente conectada con el proyecto vital que intentó llevar a cabo durante su vida. Por otra parte, una de las motivaciones que impulsaban dicho proyecto era, sin lugar a dudas, la maduración espiritual que progresivamente iba emergiendo a partir de su proceso de personalización directamente conectado con su mirada hacia Dios.

Dicho esto, hay muchas maneras de acercarse a la espiritualidad de Llull. Yo mismo lo hice hace ya algunos años con motivo del VII centenario de la muerte del Beato mallorquín en una lección inaugural del curso académico de ese año que, posteriormente, dio lugar al artículo titulado «Contemplació, conversió, llenguatge i missió. Quatre Claus per a comprendre la vida i el pensament de Ramon Llull»[1]. Como su título indica, en este trabajo pretendía mostrar las motivaciones fundamentales que hicieron posible una existencia tan desconcertante y apasionada como fue la de Ramón Llull. El planteamiento que mostré fue que, una vez explicitadas, la contemplación, la conversión, el lenguaje y la misión, estuvieron presentes en todo momento en que el proyecto existencial de Llull se fue forjando. Por otra parte, más que de una secuencia de etapas biográficas, más o menos datadas cronológicamente, mostré que se trata de una estructura circular en la que los cuatro momentos descritos se van desplegando de manera relacional e interconectada. Es más, desde este convencimiento, afirmé que cabía pensar en un uso dialéctico de dicho círculo hermenéutico y hablar, por ejemplo, de una contemplación que, además de mirar, convierte y transforma la persona; de una conversión que, en la medida que va transformando interiormente la intimidad de la consciencia de quien la vive, pone en marcha un mecanismo de búsqueda de una determinada expresividad para que, aquello que se vive, pueda ser autocomprendido y expresado por aquel que realiza la experiencia y pueda ser, también, comunicado de manera comprensible (racional) a los demás. A medida que Llull fue encontrando un lenguaje adecuado para expresar aquello que vivía a través de las diferentes formulaciones de su sistema artístico, fue ganando fuerza la necesidad vital de poner en práctica todo aquello que estaba viviendo. Emerge, así, la dimensión misionera de la actividad. En definitiva, el círculo hermenéutico existencial antes apuntado se puede sintetizar en los siguientes aspectos de la dinámica vital de Ramón Llull:

1)      Una contemplación que transforma y convierte la persona (le hace girar la mirada hacia otro lugar para captar la dimensión de profundidad de las cosas) propiciando una progresiva maduración existencial.

2)      Una conversión que contempla desde el silencio y se manifiesta como testimonio sonoro de aquel que la vive.

3)      Un lenguaje que teoriza y que, a la vez, empuja a la persona hacia la acción misionera.

4)      Una misión que actúa invitando a la contemplación y a la maduración personal.

5)      La llave de la vida: una mística sapiencial fruto del amor y resultado de una adecuada articulación entre la contemplación, la conversión, el lenguaje y la misión.

Estos cinco aspectos son los que, a mi juicio, operan de manera fundamental en el devenir vital de Ramon Llull y ayudan a comprender el sentido y el alcance de su producción intelectual y la dimensión espiritual de su existencia.

A partir de aquí, podemos dar un paso más y hacer referencia a uno de los debates que todavía permanece abierto entre los estudiosos de Llull. Me estoy refiriendo a la cuestión de si Ramon Llull fue un místico o no.[2] Al margen de los distintos posicionamientos, siempre he visto en Ramon Llull una clara apertura a lo que se podría denominar como mística sapiencial. Este posicionamiento lo presenté en una ponencia que, allá por el año 2014, hice en la Facultat de Teologia de Catalunya y que se tradujo en un artículo que titulé «El cercle de la saviesa: Ramon Llull i la mística sapiencial»[3].De manera muy sintética, en ese artículo expuse que tal como Ramon Llull interpreta la actividad del entendimiento nos sitúa ante un dinamismo que hace posible el asentimiento creyente de la fe que lo va perfeccionando hasta conducirlo al umbral del don de la sabiduría de la cual el entendimiento todavía es un estadio previo. El despliegue completo de todo este proceso intelectual hace posible la conversión total de las potencias del alma hacia su finalidad propia, es decir, hacia la primera intención del hombre que lo empuja hacia una completa apertura de la persona hacia Dios.

Ahora bien, este acercamiento progresivo e incondicional a Dios no es completo si no va acompañado de una dimensión vital que dinamice y proporcione los contenidos y la experiencia que la vida exige. Es aquí cuando emerge un planteamiento, que en las últimas décadas se ha ido instalando, en la comprensión del proceso de maduración de la persona que se asocia con la progresiva y necesaria dimensión espiritual que la caracteriza. Me refiero a lo que se conoce como cultivo de la inteligencia espiritual.

Mis incursiones en este tipo de planteamientos también vienen de atrás. Se tradujeron en una aportación hecha en el año 2016 titulada Vers un envelliment intel·ligent para el Anuari de l’envelliment a instancias de la Universitat de les Illes Balears.[4]

Alcanzado este punto y a raíz del tema propuesto para estas jornadas, me pareció útil aplicar las dimensiones asociadas a la inteligencia espiritual para ver hasta qué punto las encontramos realizadas en el itinerario existencial de Ramon Llull y en la espiritualidad que emana de su proyecto de vida.

 

¿Qué es la inteligencia espiritual?

La inteligencia espiritual[5] completa el mapa de la pluralidad de inteligencias presentes en el ser humano que describió Howard Gardner en su obra Inteligencias múltiples.[6] La inteligencia espiritual puede entenderse como el precipitado de las diferentes dimensiones que configuran la persona humana y que lo dotan para interrogarse sobre el sentido de la existencia y de la vida.

Por otra parte, entendemos por espiritualidad aquel sistema de hábitos y disposiciones de la persona que hacen posible el progresivo desarrollo de su potencial humano hasta alcanzar un punto de plena madurez existencial. Se da, pues, una íntima conexión entre la inteligencia espiritual, la humanización y la construcción integral y ética de la persona. La posibilidad que tiene de vivir una vida realizada supone una integración simbólica de las experiencias que afronta durante toda su existencia. Desde esta perspectiva, la espiritualidad humana requiere para su desarrollo una ejercitación que vaya creando las condiciones para que pueda emerger en la persona.

Entre estas condiciones cabe destacar la toma de conciencia de lo que implica haber nacido y tener que morir, integrar en la vida el paso del tiempo y sus implicaciones, la vivencia del límite, el sufrimiento propio y ajeno, el gozo y la esperanza, la contemplación de la belleza y la fealdad, la búsqueda constante de estímulos y valores que den la fuerza suficiente para seguir con el proyecto existencial elegido a pesar del cansancio o la frustración. Todas estas experiencias, vividas de manera fragmentaria, reclaman un centro unificador que las conecte, cohesione y les dé sentido. Precisamente, la instancia que hace posible esta unificación de la existencia es la inteligencia espiritual. En definitiva, es preciso apelar a un centro unificador que coordine y viabilice la ampliación de las perspectivas y dimensiones de la inteligencia humana otorgando un sentido global que proporciona valor y dignidad a aquello que somos y hacemos.[7]

Veremos, en su momento, que todos estos aspectos fueron vividos por Ramon Llull de forma consciente e integral, incluso algunos de ellos de manera especialmente intensa y apasionada, lo cual nos puede ofrecer una especie de mapa espiritual para reconstruir su desconcertante y a la vez atractiva personalidad.

 

Las principales dimensiones de la inteligencia espiritual

Una vez que hemos delimitado los contornos de la inteligencia espiritual nos detendremos en sus principales dimensiones. A partir de ellas obtendremos una imagen más clara de lo que supone el proceso de personalización que los seres humanos están llamados a realizar durante toda su existencia. El resultado final de todo este proceso es poder responder a la cuestión de cómo las personas son capaces de gestionar e integrar de manera unificada estas dimensiones.

Entre las principales dimensiones de la inteligencia espiritual podemos destacar las siguientes: la inteligencia lingüística, la artística, la lógico-matemática, la corporal y cinestésica, la espacial y visual, la intrapersonal, la interpersonal y la inteligencia ecológica. En el siguiente gráfico observamos las principales dimensiones de la inteligencia espiritual:

 

 

 

La aportación de la inteligencia espiritual a la comprensión del proyecto vital de Ramón Llull

Con lo dicho anteriormente, nos encontramos ya en disposición de dirigir nuestra reflexión al proyecto vital de Ramón Llull con el objetivo de pergeñar su significado. Para ello, vamos a sistematizar nuestra exposición haciendo un breve recorrido por las dimensiones de la inteligencia espiritual antes apuntadas y su relación con aspectos fundamentales del proyecto vital y espiritual de Ramón Llull.

 

El lenguaje o la inteligencia lingüística y el gran proyecto de la Ars luliana

Sin nunca dejar de cultivar el lenguaje poético, literario y contemplativo, la expresión lingüística por antonomasia del proyecto existencial de Ramón Llull son las distintas versiones de su Ars. Ahora bien, la Ars luliana es, en su sentido más genuino y originario, un método de contemplación. En consecuencia, la inspiración y origen primigenio del pensamiento de Llull no es tanto especulativo-metafísico como estrictamente espiritual. Desde esta perspectiva, la teología luliana es un instrumento dirigido hacia la contemplación y experiencia de Dios. A partir de este estado inicial, la Ars luliana irá adquiriendo una orientación demostrativa e inventiva y, en consecuencia, se transformará en una Ars suprema, capaz de contener los principios de todas las ciencias especiales como preámbulos de la posibilidad de comprender la realidad. De esta manera, los principios especiales son susceptibles de ser inferidos de los principios del Arte y, a partir de ellos, cada ciencia particular puede, a su vez, desplegar el dinamismo material de todo lo creado. Así pues, desde los principios artísticos integrados en el sistema de Llull el dinamismo del ser es susceptible de representarse en el dinamismo del pensar. Además, puesto que todo depende de Dios o primer Ser, la lógica artística luliana hace posible la deducción ontológica de la pluralidad de lo que es (el ser creado) a partir de la idea primaria de la Unidad primigenia o Dios. En definitiva, la Ars luliana ofrece una síntesis superior reveladora del sentido de la vida y de la posición del ser humano en el mundo.

Ahora bien, a pesar de alcanzar tal grado de formalización lógico-lingüística en la exposición del Arte, Ramón Llull nunca abandonó la dimensión poética y contemplativa del lenguaje como complemento necesario de dicha formalización y de la constante evolución espiritual inherente a todo proyecto de vida que valga la pena ser llevado a cabo.

 

La inteligencia ecológica o la integración de la propia existencia en la naturaleza como manifestación de la espiritualidad de Ramón Llull

Es un hecho incuestionable que a lo largo de la producción escrita de Llull encontramos una especial atención a la naturaleza, entendida como un espacio lleno de significaciones y símbolos que nos permiten ascender hacia su Creador. Si la ciudad es claramente un producto humano, la naturaleza constituye uno de los ámbitos de la presencia de Dios. Montañas, bosques, árboles, hojas, plantas, animales, fuentes de agua, cuevas, pastores, ermitaños, estrellas, la inmensidad del cielo van apareciendo a lo largo de las obras de Llull. Todos estos elementos se presentan como un sistema coherente de símbolos que opera como signos ineludibles que hacen posible la contemplación y una adecuada experiencia de Dios. Un texto emblemático de Blaquerna nos ayudará a captar sintéticamente estas ideas: «[…] cor companyia no vull haver sinó de Déu e d’arbres, erbes, d’auçells, besties salvatges, aygues, fonts, prats e ribatges, sol, luna, stelles, cor neguna d’estes coses no embarguen la anima a contemplar son Deu»[8].

De todos ellos nos centraremos en la montaña cuyo rico simbolismo ofrece al contemplativo Ramón todo un mundo de referencias capaces de abrir una vía privilegiada para la contemplación de Dios. Su verticalidad, el carácter axial, la escalera que se eleva y aproxima al cielo hacen de la montaña un punto privilegiado de encuentro entre Dios y los hombres. La cima es, pues, la del mundo y el preámbulo del cielo, un centro sagrado accesible al hombre a través de un ascenso físico y espiritual que simboliza un camino hacia la realidad absoluta de Dios. Los espacios y elementos naturales, en general, y la montaña, en particular, son también expresión del contemptus mundi o desprecio del mundo, típicamente franciscano, asociado a la lectura o a la meditación solitaria y que son los preámbulos que hacen posible que el contemplativo pueda experimentar, intelectual y emocionalmente, la sublimidad de la creación y la infinitud del Creador.

 

La inteligencia lógico-matemática y el cultivo luliano de las artes liberales

Es indiscutible el interés y el cultivo que Ramón Llull tuvo de los conocimientos científicos (las artes liberales) de su tiempo. El amplio elenco de obras que nos ha dejado es una muestra fehaciente de ello. Todas las artes liberales imaginables de su tiempo son incorporadas de uno u otro modo en su extensa obra. La lógica y la dialéctica (Lògica del Gatzel, Rhetorica nova, Logica nova, De syllogismis, Liber de demonstratione per aequiparantiam, Liber de novis fallaciis), la Filosofía (Liber principiorum philosophiae, Principia philosophiae complexa, Metaphysica nova et compendiosa), el Derecho (Liber principiorum juris, Ars juris), la Medicina (Liber principiorum medicinae, Ars compendiosa medicinae), el lenguaje (Lo sisè seny, lo qual apellam efatus, Liber de significatione), la Antropología (Libre de anima racional, Libre de home), la literatura sapiencial (Proverbis de Ramon, Mil proverbis), la mística (De raptu), la Astronomía (Tractatus novus astronomía), la Geometría (De quadrangulatura et triangulatura circuli, Liber de geometría nova et compendiosa), la Física (Liber novus physicorum et compendiosus), la Éética (Liber de bono et malo). En definitiva, prácticamente todos los ámbitos de conocimiento existentes en tiempos de Llull cayeron bajo la órbita de sus intereses.

Ahora bien, todo el despliegue de las artes liberales tiene como objetivo exponer el carácter circular del conocimiento y mostrar la necesidad de encontrar unos primeros principios de lo real que manifiesten la red de relaciones y combinaciones reales que estructuran los diferentes grados del ser, junto a su referencia al principio último que les otorga su inteligibilidad, es decir, Dios. Desde esta perspectiva, toda realidad, por el mero hecho de ser, es una expresión actual y efectiva de las dignidades o principios constitutivos de Dios. Desplegados universalmente en todos los estratos o niveles del ser creado, los principios del Arte tienen su plena realización ontológica en Dios. Desde esta perspectiva, el conocimiento de los entes y su valor depende de la medida en que descubrimos sus relaciones con el todo, con el resto de seres creados, pero especialmente cuando conocemos sus relaciones con los seres racionales y principalmente sus relaciones con Dios (principio último de inteligibilidad de todo lo real). Toda ciencia particular, toda arte liberal es digna de ser estudiada en tanto permite a la persona tomar consciencia del fin por el que ha sido creada, conocer y amar a su Creador, tener experiencia de Dios.

 

La inteligencia artística y la faceta poética y literaria de Llull

La creación artística despierta y estimula la inteligencia espiritual del artista. Durante toda su vida, Ramón Llull no abandonó nunca su faceta poética y literaria. En el proceso creativo encontramos una sublimación de sus primeras propuestas trovadorescas hacia la elaboración de un lenguaje apto para la expresión de la tensión espiritual que, sin duda, vivía en primera persona fruto de su búsqueda de Dios. Como resultado, Llull sustituye el amor a la amada por el amor a Dios. Vive constantemente enamorado de Dios, al que anhela perennemente y al que busca incesantemente, como el amigo que busca a su Amado. Fruto de esta tensión espiritual será capaz de alcanzar en el Llibre de amic e amat una de las cumbres del lenguaje místico-religioso de todos los tiempos. Cada uno de los versículos del libro son palabras de amor que bastan para contemplar a Dios un día entero.[9] Cada día tiene que ser vivido como la anticipación de la eternidad, en una búsqueda sin fin del Amado. En este sentido, el hombre en su integridad tiene que vivir en el Amor del que procede y al que tiene que retornar:

 

«Per les carreres de vegetació e de sentiment e de ymaginació e de enteniment, volentat, anava l’amich cerchar son amat. E·n aquelles carreres havia l’amich perills e languiments per son amat, per ço que exalçás son enteniment e sa vollentat a son amat, qui vol que·ls seus amadors l’entenen e·l aman altament»[10].

 

A través del lenguaje poético, quiere mostrar la belleza del discurso que se despliega a través de sugerencias analógicas o símbolos que significan y apuntan hacia una realidad más allá de ellos, abriendo un camino apto para la contemplación de Dios. Por otra parte, para el Doctor Iluminado, lo bello es apto para la transmisión de la verdad. Si la verdad por excelencia se identifica con Dios, la belleza también es una vía privilegiada para su contemplación. En este sentido, belleza y verdad, así como el resto de dignidades divinas, son convertibles entre sí de tal manera que, siendo la belleza verdadera y la verdad bella, configuran dos de los constitutivos esenciales de Dios y dos modos privilegiados de acceder a Él.

 

La inteligencia corporal y cinestésica como fundamento del equilibrio personal y de la vida eremítica sencilla y frugal de Ramón Llull

Ramón Llull nos presenta al hombre como una síntesis recapitulativa de toda la realidad. Encierra en sí un microcosmos a imagen de la totalidad de lo que es. La constatación de esta realidad es posible gracias a la peculiar estructura ontológica del hombre, verdadera síntesis capaz de unificar, en una sola realidad, el despliegue entero de la gran cadena del ser. Así pues, el hombre es la única creatura que en su constitución unifica la corporalidad y la espiritualidad. Corporalidad y racionalidad son los dos aspectos que configuran la realidad humana. En su dimensión imaginativa, sensitiva, vegetativa y elementativa, el cuerpo del hombre participa de los cuatro niveles ontológicos del mundo material. En su dimensión anímica y racional, es imagen y semejanza de su Creador, dándose una perfecta analogía entre la unidad de las tres personas divinas de la Trinidad y la unidad del alma, en tanto que sustrato ontológico de sus tres potencias (memoria, entendimiento y voluntad). De este modo, a través de la conjunción de cuerpo y alma, el hombre constituye una síntesis dinámica de todo lo que es. Pues bien, el cuidado del cuerpo es una de las condiciones necesarias para que dicha síntesis pueda alcanzar, en primer lugar, su equilibrio personal y, en segundo lugar, el fin por el que ha sido creado, es decir, conocer y amar a Dios.

Son muchos los lugares en donde Llull se ocupa del papel del cuerpo, de su cuidado y de su ejercitación física en aras del equilibrio personal. Veamos cómo nos describe el nacimiento y la alimentación de Blaquerna:

 

«Blaquerna tingué dida sana de cos per tal que de sana llet fos criat, car per mala llet els infants són malalts i sense força al cos. […] Aloma vestia Blaquerna en tal manera que a l’hivern tingués algun sentiment de fred i a l’estiu de la calor, per tal que els elements dels quals el cos humà és compost es concordessin amb el temps en el qual tenen les seves operacions i per donar al cos una qualitat temperada de manera que els mals humors no s’acostumessin a pujar amunt. […] hom no ha de donar de menjar als infants al matí sinó pa tan solament, per tal que no s’acostumin a ser golosos ni llépols. […] De totes coses de menjar fou Blaquerna acostumat per tal que natura no s’acostumés en ell a una vianda més que a altra. […] Quan Blaquerna hagué après el llibre anomenat Llibre dels començaments i graus de medicina, pel qual tingué ciència suficient per governar la salut del seu cos […]»[11].

 

Podríamos multiplicar los ejemplos, pero todos ellos nos llevarían a la misma conclusión: la salud como antesala del equilibrio personal reposa en conocer y saber ejercitar el cuerpo de manera inteligente. Alcanzado este primer objetivo, el ejercicio sano y equilibrado del cuerpo hará posible alcanzar el estado de vida más excelente: la del ermitaño contemplativo que no rehúsa la penitencia del cuerpo con «aspres viandes, aspre lit, aspres vestiments», ni la penitencia del corazón con la contrición […], ni mucho menos la penitencia del intelecto en vigilias de oración y contemplación»[12].

Ahora bien, todo este recorrido está basado en la experiencia de la propia fragilidad ante la que nos sitúa el desarrollo vital de nuestro cuerpo. La vivencia del sufrimiento, la exigencia de la vida, la contingencia de lo que sucede o el contacto con la muerte son situaciones límite que impulsan, a lo largo de la existencia, el desarrollo de la inteligencia espiritual de la persona. Todo este conjunto de situaciones puede conducir al ser humano a un cansancio físico y psicológico y a la experiencia de la desesperanza que amenaza con destruir todo aquello por lo que ha luchado, todo aquello que se creía haber construido. Ramón Llull no fue ni mucho menos ajeno este tipo de decepciones, situaciones y vivencias con sabor a fracaso que, con casi 70 años de edad, expresó poéticamente del siguiente modo:

 

«Som home Vell, pobre, menyspreat,    «Són hom vell, paubre, menyspreat,

no tenc ajuda d’home nat,                     no hai ajuda d’home nat,

i coses massa grans he començat.           e hai trop gran fait emparat.

Grans extensions del món he cercat,      Gran res hai de lo món cercat,

molt bon exemple he donat:                 mant bon exempli hai donat:

poc som conegut i amat.            poc són conegut e amat.

Vull morir en pèlag d’amor».                Vull morir en pèlag d’amor»[13].

 

La inteligencia espacial y visual como base de la geometría y de las figuras del Arte luliano

La inteligencia visual y espacial, que no debe confundirse con el sentido de la vista, «faculta para reconocer y elaborar imágenes visuales, distinguir a través de la vista rasgos específicos de los objetos, crear imágenes mentales, razonar acerca del espacio y sus dimensiones, manejar y reproducir imágenes externas e internas»[14].Todas estas facetas están presentes en los escritos de Ramón Llull en los cuales nos sugiere multitud de imágenes visuales y nos ha legado precisos razonamientos geométricos y, especialmente, las figuras de su Arte.

El reiterado interés de Llull ante problemas geométricos tales como la cuadratura y la triangulación del círculo o la triangulación del cuadrado se ha de relacionar con la pretensión de explicar la unidad de todo cuanto existe. Toda la realidad es un sistema de relaciones correlativas cuyo fundamento se encuentra en Dios. Por tanto, la posibilidad de resolver matemáticamente la cuadratura del círculo es una demostración de la posibilidad de reducir la estructura metafísica de lo creado a su constitución elemental. Además, la resolución geométrica de la triangulación del círculo y del cuadrado permite sistematizar la actividad de Dios en la creación. Con ello, se consigue mostrar una unidad estructural entre Dios y la creatura a partir de los fundamentos geométricos del cosmos y de la racionalidad divina. Tal vez esta pretensión de unidad queda perfectamente recogida en la creación de la figura plena.[15]

 

Figura plena, tomada de R. Pring-Mill[16]

 

También por su importancia y centralidad, nos referiremos brevemente a la primera figura del Arte luliano o figura A, cuya letra representa al propio Dios en su absoluta unidad y simplicidad.

Detalle de la figura A y los nueve principios absolutos o dignidades

 

Llull identifica a Dios con el primer Principio de toda la realidad, la plenitud del Ser que la razón humana puede comprender, al menos, en sus aspectos fundamentales. Para Llull, dicho Principio se ha revelado a sí mismo a la inteligencia humana en sus trazos fundamentales, es decir, a través de las dignidades. En la última redacción del Arte (Ars ultima), dichas dignidades son nueve y son representadas cada una con las letras B, C, D, E, F, G, H, I, K. Cada letra, principio o dignidad simboliza una idea básica susceptible de ser atribuida a la esencia divina en forma absoluta. Ahora bien, toda vez que estos principios no introducen en la esencia divina pluralidad alguna, se da una perfecta conversión o identidad efectiva de dichos principios entre sí, e igualmente entre ellos y la esencia de Dios.

Bondad, Grandeza, Eternidad, Poder, Sabiduría, Voluntad, Virtud, Verdad y Gloria son las nueve dignidades o principios que convienen a Dios absolutamente de tal manera que cada una puede expresar el Ser absoluto de Dios. A partir de esta constatación, Llull cree poder realizar afirmaciones tales como «el Ser de Dios es la Bondad» o «el Ser de Dios es la Grandeza» o «la Bondad de Dios es su Grandeza» o «la Grandeza de Dios es su Verdad» y así con cualesquiera otras relaciones o combinaciones que se puedan establecer en el círculo de la figura A. Así, pues, la Ars combinatoria de Llull tiene su punto de partida en Dios, entendido como principio supremo que opera como causa eficiente y final siendo el arquetipo de todas las cosas creadas. En consecuencia, los principios absolutos de la figura A en su conjunto son comprendidos como verdadera causa de la pluralidad de los seres creados. Dicho de otro modo, los principios absolutos son conceptos relacionales que significan a Dios en referencia al mundo creado.

 

La inteligencia interpersonal y la dimensión misionera del proyecto de Ramón Llull

Una de las aportaciones indiscutibles de Ramón Llull es la apuesta por el diálogo como instrumento de entendimiento y comunicación entre las personas y las distintas propuestas religiosas. El diálogo requiere el despliegue de la inteligencia lingüística, emocional e interpersonal y supone un ejercicio espiritual en donde solamente aquel que es capaz de distanciarse de su interlocutor y de sí mismo lo cultiva verdaderamente. Por otra parte, el diálogo supone un momento de suspensión de la propia cosmovisión para, al menos por un instante, salir de las propias convicciones y adentrarse en la cosmovisión del otro en busca de un horizonte común de inteligibilidad y de intercambio comunicativo. Por otra parte, el verdadero diálogo, partiendo del respeto y la apertura hacia el otro, admite el despliegue creativo de la propia inteligencia espiritual, invita al examen de consciencia y a un ejercicio de empatía basado en el reconocimiento y en la valoración de la identidad del interlocutor.

Tal vez la cumbre más lograda del diálogo luliano la encontramos en el Llibre del gentil e dels tres savis. En esta obra, recrea las condiciones de un diálogo interreligioso entre las tres religiones del Libro (judaísmo, cristianismo e islamismo) a partir de una racionalidad universal representada por la figura del «gentil». Este personaje encarna al interlocutor que interpela al creyente desde dicha racionalidad universal constituida por unos principios lógicos y transcendentales que posibilitan la coherencia y las reglas del diálogo, al margen del discurso teológico y de la aceptación de Dios como principio último de inteligibilidad. Ahora bien, a pesar de este primer nivel de racionalidad ofrecido por la Filosofía, entendida como una primera síntesis de las artes liberales y sus principios, «los anhelos existenciales y la experiencia del límite y de la muerte hacen que el hombre no pueda ser totalmente colmado por ella»[17]. El corazón del gentil se entristece en suspiros y dolor al pensar en la muerte y en el hecho de que esta acabe su existencia personal. Es en este momento cuando el diálogo luliano se adentra en la racionalidad teológica cuyo objetivo es llevar a cumplimiento los anhelos que la racionalidad del gentil exige para alcanzar la plenitud como persona. Ahora bien, «para que ello sea posible de manera eficaz, las creencias tienen que ser de alguna manera demostradas para que se puedan integrar de manera no forzada en la racionalidad del gentil»[18]. Con estas breves referencias creo que hemos conseguido poner de manifiesto el lugar y el sentido del diálogo luliano como uno de los núcleos de su obra y proyecto de vida. Además, estas consideraciones nos ayudan a explicar el celo misionero y apologético de Llull impulsado por el ideal medieval de lograr, algún día, la unidad política y religiosa de toda la humanidad hasta entonces conocida.

 

La inteligencia intrapersonal y la oración contemplativa como piedra angular de la espiritualidad de Ramón Llull

Sin lugar a dudas, la contemplación fue el eje conductor de la maduración humana y espiritual de Ramon Llull. El progresivo cambio de vida que experimentó, la sucesiva toma de conciencia de la transformación interior que vivía, necesitaba ser comprendida. Cada vez se le hacía más clara la necesidad de contemplar lo que vive y experimenta. Por otro lado, este deseo de comprensión implica, en primer lugar, contemplar aquello que siempre se había tenido ante los ojos, pero con una perspectiva diferente, es decir, desde un cambio de mirada. Incoada en la contemplación, la conversión de Ramón Llull va emergiendo de manera explícita. El primer paso es aprender a contemplar el mundo, en que él mismo está inmerso, desde una mirada diferente, desde una mirada que tenga como trasfondo la presencia constitutiva de su Creador. Ramón Llull tiene que aprender a experimentar las cosas en y desde Dios sumergiéndose en la incomprensibilidad y el misterio de la realidad cuya adecuada interpretación solamente se vislumbra desde el trasfondo de lo que entendemos por Dios. Ramón Llull es capaz de percibir que el interior de las cosas creadas significa a su Creador. Nos encontramos, pues, en el núcleo de la consolidación espiritual de Llull. Si hasta ahora toda la visión de las cosas se hacía en función de la segunda intención, es decir, en el autocentramiento egolátrico de la propia persona, finalmente experimentará un descentramiento radical de su yo y un arrepentimiento que lo empuja a poner su mirada en la primera intención, es decir, en contemplar las cosas y a sí mismo en Dios.[19] El desarrollo progresivo de esta actitud de contemplación desembocará en la oración contemplativa como medio privilegiado para vivir la primera intención, para experimentar ya a Dios aquí y ahora.

La oración es un medio que permite elevar las potencias humanas hacia Dios. Orientando la actividad de las potencias hacia el fin para el cual han sido creadas, el hombre puede alcanzar vitalmente su primera intención: el fin por el que ha sido creado que no es otro que conocer, amar, alabar y servir a Dios. De manera sintética, podemos afirmar que la oración contemplativa es el precipitado que resulta de la contrición, la confesión, la satisfacción del mal producido, la buena tentación y la oración. Solamente la práctica asidua y constante de todo este conjunto de elementos converge en la posibilidad de cumplir su primera intención en esta vida. Este camino de ascenso hacia Dios solamente es transitable gracias a la acción conjunta de todas las potencias del alma que son elevadas progresivamente por la presencia constitutiva de Dios en el hombre. En la oración contemplativa la persona humana va dejando atrás los sentidos y la imaginación, de tal manera que las dignidades divinas presentes finitamente experimentan una cierta liberación y hacen posible que las potencias del alma lleguen hasta el límite de sus capacidades. Así, pues, las potencias superiores quedan suspendidas y, uniéndose al acto de la dignidad divina que el hombre está contemplando, son absorbidas por la bondad de Dios en una especie de arrebatamiento o de rapto místico. De este modo, la oración contemplativa eleva el alma hasta introducirla en el mismo dinamismo de Dios. Desde este momento ya no se mueve con la ayuda de sus facultades, sino por la bondad de su Creador.

 

Algunas conclusiones

Ha llegado el momento de sistematizar algunes de las conclusiones que se pueden extraer de todo lo que hemos expuesto. El desarrollo personal, intelectual y espiritual de Ramón Llull se basa en un progresivo y constante desplazamiento de su vida en Dios. Un desplazamiento transformador que va cuajando por la experiencia del amor. Podemos afirmar que el itinerario existencial de Llull es una reinterpretación constante del amor que vive y experimenta. A partir del amor profano, poéticamente cantado en las canciones a sus amadas, saboreará el amor divino que da sentido a la realidad entera, vivificándola y envolviéndola por completo. De este modo, el amor egolátrico centrado en el propio yo, en satisfacer las propias carencias y deseos, deja paso al amor gratuito que emana de la donación de uno mismo a los demás y a Dios. La maduración personal de Ramón Llull, fruto del despliegue de su inteligencia espiritual, desplaza la mirada desde el rostro de la amada hacia la profundidad insondable del rostro del Amado, vislumbrado en Jesucristo, que lo envuelve y sustenta todo. La experiencia de la propia fragilidad, la vivencia constante del límite y de la contingencia de la propia existencia, hacen emerger la experiencia de la gratuidad del Amado, presente en todas las cosas como un piélago de amor.

Hechas estas consideraciones generales, nos queda acercarnos al perfil espiritual de Llull como resultado del despliegue de su inteligencia espiritual que se tradujo en unos rasgos personales, bastante definidos. En primer lugar, podemos presuponer una indudable riqueza interior en su personalidad concretada y manifestada en los proyectos que intentó ejecutar y en la creatividad legada en sus obras. En segundo lugar, fue profundamente autocrítico consigo mismo. Desde una radical consciencia del límite, Llull no duda en confrontarse con lo que debería ser y no alcanza a conseguir. Desde la experiencia de su propia fragilidad, se siente culpable y alejado de su propio fundamento. No reconociéndose a la altura de lo exigido por la primera intención, es empujado a una actitud de constante descentramiento de su yo para dirigir su mirada y conversión hacia Dios. En tercer lugar, encontramos unas relaciones interpersonales basadas en el reconocimiento y respeto del otro que, finalmente, se materializan en la lógica del diálogo y de la donación interpersonal como fundamento del amor. En cuarto lugar, el proyecto de vida de Ramón Llull es un ejemplo clarividente de autodeterminación de uno mismo desde el ejercicio responsable y consciente de la propia libertad, a partir del reconocimiento de los propios límites y posibilidades. Ello se tradujo en la vivencia de la propia existencia como un arduo despliegue de un proyecto de vida elegido y personalizado. Finalmente, podemos destacar la vivencia plena del presente (del ahora) o experiencia del instante como anticipación de la eternidad.



[1] ANDREU, Joan, Comunicació, 132 (2016), pp. 9-34.

[2] Ibídem, pp. 10-11.

[3] ANDREU ALCINA, Joan, RCatT, (2015), pp. 601-618.

[5] También denominada inteligencia existencial o trascendente.

[6] GARDNER, Howard, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, Barcelona, Paidós, 1998.

[7] ANDREU ALCINA, Joan, «Vers un envelliment intel·ligent», Anuari de l’envelliment: Illes Baleares, (2016), pp. 409-422, p. 412.

[8] LLUL, Ramon, Romanç d’Evast e Blaquerna (Nova edició de les obres de Ramon Llul, NEORL VIII), Edició crítica d’Albert Soler i Joan Santanch, Palma, Patronat Ramon Llull,, 2009, p. 114.

[9] LLULL, Ramón, op. cit., pp. 428-429.

[10] Ibídem, p. 507.

[11] LLUL, Ramon, Romanç d’Evast e Blaquerna (Nova edició de les obres de Ramon Llul, NEORL VIII), Edició crítica d’Albert Soler i Joan Santanch, Palma, Patronat Ramon Llull, 2009 pp. 94-95.

[12] PLATZECK, Erhard-Wolfram, «La vida eremítica en las obras del Beato Raimundo Lulio», Revista de Espiritualidad, 2 (enero-marzo 1942), pp. 61-79, p. 77.

[13] LLUL, Ramón, Cant de Ramon, versos 43-49.

[14] TORRALBA, Francesc, Inteligencia espiritual, Barcelona, Plataforma Editorial, 2010, p. 36.

[15] ANDREU ALCINA, Joan, Ramón Llull y el pensamiento transcendental como vía de acceso a la trascendencia, Barcelona, Col·lectània Sant Pacià, 2012, pp.214 – 215.

[16] PRING-MILL, Robert, Estudis sobre Ramon Llull, Barcelona, Abadia de Montserrat, 1991, p. 85.

[17] ANDREU ALCINA, Joan, Ramón Llull y el pensamiento transcendental como vía de acceso a la trascendencia, Barcelona, Col·lectània Sant Pacià, 2012, p. 91.

[18] Ibídem, p. 91.

[19] ANDREU ALCINA, Joan, «Contemplació, conversió, llenguatge i missió: Quatre Claus per a comprendre la vida i el pensament de Ramon Llull», Palma (Mallorca), Comunicació, 132 (2016), pp. 9-34, pp. 13-20.