Universitat de les Illes Balears
Resumen
Este artículo trata sobre la presencia de la literatura en El Heraldo de Cristo, revista publicada en Mallorca entre marzo de 1909 y diciembre de 1974. El Heraldo… fue una publicación religiosa, que publicó habitualmente poesías de autores contemporáneos y del pasado, en catalán, pero también en español. La mayoría de los autores publicados pertenecían a la «Escola Mallorquina». Hacia los años sesenta y setenta El Heraldo… realizó una valiosa labor divulgativa y de promoción de las letras catalanas de nuestra isla y dio difusión a grandes proyectos, como la publicación del Cançoner Popular de Mallorca, del P. Ginard.
Palabras clave
El Heraldo de Cristo, literatura, poesía, prensa, cultura
Abstract
This paper talks about the presence of literature in El Heraldo de Cristo, a magazine published in Mallorca between March 1909 and December 1974. El Heraldo… was a religious publication, which regularly published poems by contemporary authors and from the past, mostly in Catalan, but also in Spanish. Most of the published authors belonged to the «Escola Mallorquina». Around the 1960s and 1970s, El Heraldo... did valuable work to inform and promote Catalan literature on our island and made known great projects, such as the publication of the Cançoner Popular de Mallorca, by Fr. Ginard.
Key words
El Heraldo de Cristo, literature, poetry, press, culture
Introducción
A partir de 1906, bajo el pontificado del obispo Pere-Joan Campins, se abre una etapa en la cual el fomento de la cultura fue uno de los ejes de la Iglesia mallorquina. Según Pere Fullana, la cultura estuvo ligada a la T.O.R. desde sus inicios, ya que se trataba de un movimiento católico «actiu, obert al món i com un element més del vast pla d’acció dels catòlics: premsa, obres socials, etc.»[2]. Nicolau Sastre[3] también afirma que la T.O.R. promovió la cultura de Mallorca, sobre todo en cuatro grandes ámbitos.
El primero es el lulismo: el culto al beato Ramon Llull, la causa de su canonización, los sitios lulianos –como el sepulcro de la Basílica de San Francisco o el santuario de Cura–, la difusión del pensamiento religioso luliano, la edición de su obra, la influencia de san Francisco en el beato, etc.
En segundo lugar, la T.O.R. ha hecho una importante aportación al arte al crear, cuidar y mejorar sus espacios religiosos, como la Basílica de San Francisco de Palma o la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de La Porciúncula, obra del arquitecto Josep Ferragut i Pou. Igualmente, cabe subrayar la creación del Museo de Arqueología, Etnología y Numismática por el P. Joan Llabrés Ramis y del Archivo Documental, que ha salvaguardado un importante patrimonio escrito.
En tercer lugar, según Sastre, la T.O.R. ha contribuido a la dignificación de la liturgia en el ámbito musical. Coincidiendo con la modernización del panorama musical isleño de principios del siglo xx, los franciscanos fomentaron el canto gregoriano y, después, siguieron haciendo numerosas aportaciones al ámbito musical, que culminaron con la labor del P. Antoni Martorell Miralles (1913-2009), compositor y musicólogo.
Por último, hay que recordar la labor de los franciscanos mallorquines en la enseñanza. Los colegios franciscanos han formado numerosos intelectuales mallorquines durante el siglo xx y en la actualidad. Nosotros nos centraremos en la cultura literaria a partir de la publicación El Heraldo de Cristo,[4] que nos ha servido como principal fuente de información para este trabajo.
El Heraldo de Cristo
El primer número de El Heraldo de Cristo apareció en marzo de 1909. Era un boletín mensual cuya redacción y administración estaba situada en el Convento de San Francisco de Palma. La suscripción por un año costaba una peseta. Bajo la cabecera figuraba la siguiente explicación: «Revista mensual dedicada al fomento y propagación de la Orden Tercera de S. Francisco de Asís y demás obras franciscanas». En el breve artículo «Nuestra divisa», que abre el primer volumen, se explica que el objetivo de la publicación era exclusivamente religioso. No obstante, se trataba de una publicación de un alcance muy considerable. Sabemos que en 1910 se imprimían 1500 ejemplares, lo cual era una cifra elevada con relación a la población de Mallorca en aquel tiempo. El boletín se escribía mayoritariamente en castellano, pero acogió numerosos textos en catalán prácticamente durante todo su periplo, con la excepción de los años posteriores a la Guerra Civil, cuando la lengua catalana fue perseguida por el franquismo.
Aunque El Heraldo de Cristo nunca pretendió ser una publicación cultural, su relación con la cultura fue constante desde el primer número hasta el último, cuando desapareció en diciembre de 1974 a causa de las dificultades económicas. Por ejemplo, ya en el primer número aparece el «Himno del Terciario Franciscano», escrito por Maria Antònia Salvà. Muchos de los autores mallorquines más relevantes colaboraron con frecuencia en el boletín. Y El Heraldo de Cristo también publicó con asiduidad textos literarios, sobre todo poemas, de algunos de los principales escritores catalanes y españoles contemporáneos y, también, del pasado. La revista siempre mostró interés por la literatura, lo que se intensificó en sus últimos tiempos, bajo la dirección del P. Miquel Colom.
La trayectoria de El Heraldo de Cristo durante sus 65 años de vida no fue homogénea, sino que pasó por diferentes directores y colaboradores, adoptó múltiples puntos de vista y sufrió los imperativos de cada contexto histórico. Hasta el estallido de la Guerra Civil El Heraldo de Cristo siguió una línea muy clara: a la defensa de la religión, su primer objetivo, unió progresivamente la publicación de obras de escritores católicos y, especialmente, próximos al franciscanismo. En sus primeros años, todavía colaboraron en El Heraldo… algunos autores que provenían de la Renaixença. Pero ya en los años veinte fueron los escritores de la Escola Mallorquina los que llenaron sus páginas. Los años de la Guerra civil y de la inmediata posguerra, en cambio, fueron el período más duro para la cultura catalana y El Heraldo de Cristo se decantó muy claramente por la política del bando «nacional». Hay que alegar que en aquel momento no cabía otra opción.
A partir de la segunda mitad de los años cuarenta cambió el contexto político, lo cual se refleja en El Heraldo...: aún en los límites del nacionalcatolicismo, la publicación volvió a presentar muestras culturales relacionadas con la lengua catalana o con la cultura popular. Seguramente, por tratarse de una revista religiosa, como en tantos otros casos, pudo acoger piezas literarias en catalán y fue el embrión de algunas grandes obras que verían la luz años más tarde, como el Cançoner Popular de Mallorca, recopilado por el P. Rafel Ginard Bauçà, o el Glosari General Lul·lià, del P. Miquel Colom Mateu. Estos dos intelectuales franciscanos dieron a conocer ensayos previos de sus obras definitivas en El Heraldo.
La poesía
Como hemos dicho, hasta la Guerra Civil El Heraldo de Cristo se identifica literariamente con la Renaixença y con la Escuela Mallorquina. En cambio, se declara contraria a lo que entonces denominaban, de manera confusa, modernismo. Es muy significativo que en octubre de 1910 difunda la opinión del Papa Pío X contra la literatura modernista por considerarla moralmente peligrosa.[5] No creemos que Pío X condenase lo que hoy, en literatura y en arte, entendemos como Modernismo, pero tal vez se refiriera a algunas de las tendencias que nuestro Modernismo acogió, como el decadentismo o el naturalismo. O, incluso, quizá, el Papa pensase en los vanguardismos, entonces nacientes. Es evidente que la palabra modernismo evocaba ideas como bohemia, amoralidad, anarquismo y rebelión, lo que generaba un rechazo por motivos morales y políticos, más que literarios o estéticos.
Sin duda, el peligro de que El Heraldo de Cristo cayera en estos modernismos condenados por el Papa no existía. Los poemas que se publicaban en sus páginas son casi siempre de tema sacro, muchos de ellos están dedicados a san Francisco de Asís, y la mayoría de sus autores suelen ser eclesiásticos y seglares terciarios. Entre ellos encontramos a Manuel de Lete (1889-1963), más conocido como el P. Andreu de Palma de Mallorca, nombre que adoptó al ingresar en los capuchinos. También publican en El Heraldo… el sacerdote manacorense Joan Aguiló Pinya (1860-1924), el seglar Miquel Duran Saurina (1866-1953) –muy conocido por su labor en los círculos católicos de Inca– y Pedro de Alcántara Mulet Reinés –ministro de la Hermandad Terciaria de Inca, que en 1910 publicó un libro de poemas, Camperes–[6], además de otros poetas que usan seudónimos y que no hemos sabido identificar.
La presencia femenina en las páginas de El Heraldo de Cristo es muy significativa. Estas escritoras provenían de sectores conservadores. Es el caso de Margalida Estelrich (1879-1939) o de dos poetisas que cabe situar en la generación de la Renaixença: Margalida Caimari (1839-1921), que en los inicios de nuestra publicación ya tenía una edad avanzada, y Marcelina Moragues (1855-1923), que en El Heraldo… daba a conocer poesías de tema religioso, tanto en catalán como en castellano. También cabe mencionar a Maria Josepa Amer i Penya,[7] sobrina de Pere de Alcàntara Penya e hija del matrimonio formado por los poetas Miquel Victorià Amer y Victòria Penya, que publicó en la revista una docena de poesías de tema religioso, en ambas lenguas.
Sin embargo, entre las poetisas que colaboran habitualmente en El Heraldo de Cristo sobresale Maria Antònia Salvà Ripoll (1869-1958). Casi siempre Salvà acompaña su firma con el adjetivo terciaria. Publica numerosos poemas en la revista, pero bastante distanciados en el tiempo: antes de su muerte aparecen más de veinticinco poemas, algunos no recopilados en sus obras completas. Además, en 1952 el P. Rafael Ginard Bauçà escribe unos ensayos sobre la poesía de Salvà. Y en 1958, a la muerte de la poetisa de Llucmajor, El Heraldo… la homenajea con varios artículos y poemas. Después de 1958 Salvà todavía estará muy presente en la revista: en 1959 conmemoran el primer aniversario de su fallecimiento con unos artículos del P. Ginard Bauçà; y en los años sesenta y setenta El Heraldo… reproduce con frecuencia sus poesías, además de artículos del P. Miquel Colom sobre ella.
A partir de los años veinte, El Heraldo de Cristo acoge poesías de algunos de los autores mallorquines más reconocidos. Además de Maria Antònia Salvà, publican algunos poemas Miquel Costa i Llobera, Llorenç Riber, Joan Ramis de Ayreflor, Josep M. Tous y Maroto, Antoni Garcia Rover, Antoni M. Penya, Miquel Duran Saurina, etc. También reproducen piezas de escritores mallorquines ya fallecidos recientemente, como Ramon Picó y Campamar o Mateu Obrador.
Además, cabe destacar que en El Heraldo de Cristo aparecen muchas composiciones poéticas escritas por frailes franciscanos. Es un hecho importante, ya que nos indica que la revista erigió un clima favorable a la creación literaria entre los religiosos de la Tercera Orden. Muchos de estos franciscanos poetas han quedado en el anonimato o son conocidos por otras facetas. Vale la pena mencionar los nombres de Jaume Rosselló, Francesc Lliteras, Rafel Ginard Bauçà, Miquel Colom Mateu, Bartomeu Miralles, Jaume Gelabert, Joan Caldentey Vidal, Miquel Caldentey Vidal, Bartomeu Alorda, Pau Tous i Coll, Mateu Bauçà, Antoni Martorell, M. Quetglas, Francesc Gual, Bartomeu Nicolau Roig, Josep Roig, Jordi Coll, Mateu Ramis, Joan Ramon, Rafel Genestar, Josep Fornés, Antoni Llabrés, etc. Muchos de ellos escriben en catalán, aunque otros lo hacen en castellano. Pero tan solo dos han sido reconocidos por los historiadores de nuestra poesía: el P. Rafel Ginard Bauçà y el P. Miquel Colom Mateu. A esta larga nómina de frailes franciscanos poetas cabe añadir otros terciarios, presbíteros o seglares, que también publicaron poesías en las páginas de El Heraldo…, como los sacerdotes Antoni Mir, Guillem Roig, Bartomeu Guasp y Andreu Caimari.
El Heraldo de Cristo consideraba que la poesía era un medio afín para extender los sentimientos religiosos. De ahí que la inmensa mayoría de los poemas que publica sean de tema religioso, aunque de épocas, tonos y estilos diferentes. El Heraldo... fue una cantera de nuevos poetas y debemos preguntarnos hasta qué punto la existencia de esta publicación impulsó la dedicación a la poesía de escritores como Rafael Ginard o Miquel Colom. Ambos publicaron una parte muy considerable de sus poemas en el boletín terciario. Quizá la posibilidad de dar a conocer sus textos en la revista fuese para ellos un estímulo. No obstante, ambos se caracterizaron por enfrentarse a la poesía con una absoluta humildad, renunciando a promocionar su obra. Ginard nunca recogió sus poesías en un volumen y su Obra poética no fue recopilada hasta 1995. Sin embargo, en los tiempos difíciles de la posguerra, cuando la poesía catalana se había refugiado en las Coronas Poéticas y en los certámenes locales, nuestro poeta era valorado por los autores de la llamada Escola Mallorquina e, incluso, por los poetas más jóvenes, como Bernat Vidal i Tomàs, Josep M. Llompart o Miquel Àngel Riera. El otro gran poeta de la T.O.R., el P. Miquel Colom, reunió su extensa producción a partir de 1975 en un conjunto de dieciséis volúmenes con que obsequiaba a sus amigos y a las personas amantes de la poesía. Pero su obra no circuló por las vías comerciales, como hemos explicado en otro artículo:
«Un poeta que es va moure en el silenci de la cel·la, sense intervenir directament en el món literari de Mallorca, que va escriure i va publicar sense fer gens de soroll, de la mateixa manera com va viure. Ara bé, la discreció i la humilitat que guiaren les seves actuacions com a literat contrasten amb l’amplitud de la seva obra. La poesia és la part més desconeguda de la seva producció intel·lectual i, en canvi, és la labor a la qual dedicà més temps i, potser, més esforç»[8].
Sin embargo, a pesar de su discreción y humildad, Ginard y Colom fueron dos poetas de gran valor y calidad, no suficientemente reconocidos, quizás por haberse situado en la estética de la Escuela Mallorquina en un momento en que esta ya empezaba a declinar.
En cuanto a autores de épocas anteriores, hay que subrayar la abundancia de poemas de Jacint Verdaguer que El Heraldo... reprodujo. La presencia de este poeta catalán se explica por su religiosidad y, sobre todo, por su proximidad con el franciscanismo. Verdaguer canta a menudo a san Francisco y a la Virgen María, habla de Ramon Llull y, también, de la naturaleza y de los seres más humildes, como los pájaros y las flores. La presencia de Verdaguer en El Heraldo... se extiende a lo largo de la historia del boletín: en diciembre de 1909 ya se reproduce el poema «La Immaculada Concepció» y en noviembre de 1974, un mes antes de que El Heraldo... cierre sus puertas para siempre, sale en sus páginas la poesía «Muerte de San Francisco». En total, hemos localizado dieciocho poemas del poeta de folgueroles, más tres artículos sobre su obra.
El Heraldo de Cristo también reprodujo poemas de autores clásicos castellanos. Lope de Vega es el que aparece más a menudo en la revista. Pero también publicaron piezas de otros autores del Siglo de Oro, como Diego Murillo, Calderón de la Barca, Alonso de la Espina, Juan López de Úbeda, Damián de Vedas, Alonso de Ledesma, San Juan de la Cruz, etc. Y también se reprodujo algún poeta del siglo xix, como José M. Gabriel y Galán. Esta inclinación hacia la poesía clásica castellana, ya se advierte desde los inicios de El Heraldo… y se acentúa en la posguerra, favorecida por la política cultural franquista. Además, en estos años se publican poemas de autores adictos al Régimen, como José M. Pemán o Eduardo Marquina. No obstante, con la salvedad de la inmediata posguerra, los textos poéticos editados en El Heraldo… fueron mayoritariamente en catalán. Incluso durante la Guerra Civil la revista publicó poesía en catalán, como la serie Ritmes artanencs, del P. Rafel Ginard. El uso exclusivo del castellano solo se produjo entre 1939 y 1946, años en los que el franquismo persiguió el catalán con mayor ahínco. A partir de 1947 las piezas en catalán volvieron a las páginas de El Heraldo... Precisamente, una parte importante de la obra poética del P. Ginard y del P. Colom, fue escrita y publicada al final de los años cuarenta y, sobre todo, durante la década de los cincuenta.
Los premios literarios de El Heraldo de Cristo
En los cursos 1956-57 y 1957-58 se convocó un Certamen Científico y Literario para los alumnos del Seminario Seráfico de la Porciúncula, a imagen de los que se habían celebrado en el Seminario de Sant Pere durante el pontificado del obispo Campins, con el fin de estimular la creación literaria y la investigación científica y humanística.
A principios de los sesenta ya podemos hablar de un intento de apertura de El Heraldo de Cristo a los escritores de la época. Así, en 1961 la revista convocó un premio de poesía, abierto a todos los poetas, sacerdotes y seglares. Los premiados fueron Llorenç Moyà, Rafel Jaume y Pere Orpí, entonces seminarista. Actuó como mantenedor Bernat Vidal i Tomàs, quien en el acto de entrega de los premios leyó un discurso sobre el valor social de la poesía. Josep M. Llompart formó parte del jurado, presidido por el P. Rafael Ginard.
El premio se volvió a convocar en 1962, añadiéndosele un galardón para un trabajo sobre Miquel Costa i Llobera, otorgado por la Fundación Rotger-Villalonga. En esta ocasión el mantenedor fue Gabriel Cortès. En 1963, los premios contaron con Bartomeu Torres Gost como presidente del jurado y Miquel Dolç como mantenedor, quien leyó un parlamento titulado «De la poesia obscura a la nova poesia realista». Baltasar Coll obtuvo el primer premio y Pere Orpí fue compensado con un accésit. Sin embargo, estos galardones decayeron en la convocatoria de 1964, cuando tan solo se presentaron diecisiete poemas y una sola obra para el premio a un estudio sobre Costa i Llobera. El jurado, esta vez presidido por el P. Miquel Colom, contó con Gabriel Cortès, Josep M. Llompart y Llorenç Moyà como vocales. Pero los galardones se declararon desiertos y se concedieron dos accésits a dos poemas y una mención para el único ensayo presentado en la modalidad de prosa. Tras el escaso éxito de esta convocatoria, ya no se volvieron a convocar los premios.
En los años sesenta, la revista mostró una mayor apertura hacia los sectores culturales de la isla, de acuerdo con una época de mayor libertad ideológica. En 1962, Josep M. Llompart publicó en El Heraldo... un artículo, «La pervivencia de Mn. Alcover»,[9] con motivo del centenario del nacimiento del gran filólogo manacorense. Y en 1965 Josep M. Vidal entrevistó a Francesc de B. Moll con motivo del Congreso Litúrgico de Montserrat y de la polémica del momento sobre el uso del catalán en la liturgia. En mayo de 1970, reprodujeron una entrevista, aparecida en el Diario de Mallorca, a Francesc de B. Moll con motivo de la publicación del Cançoner Popular de Mallorca. No obstante, los nuevos escritores mallorquines solo publicaron en las páginas de El Heraldo… en casos muy puntuales.[10]
La Pàgina Literària
En este nuevo contexto de los años sesenta y setenta, bajo la dirección del P. Miquel Colom, El Heraldo... puso una especial atención en la literatura. A partir de marzo de 1966 hasta su último número, en 1974, publicó una Pàgina literària, en catalán, cuyo objetivo era dar a conocer al público los escritores mallorquines del pasado. Se trataba de un objetivo didáctico, limitado a la poesía. Los poemas seleccionados iban acompañados de un artículo explicativo redactado por el P. Colom. En esta Pàgina literària se reprodujeron piezas de Josep-Lluís Pons y Gallarza, Marià Aguiló, Tomàs Aguiló, Pere d’Alcàntara Peña, Josep Tarongí, Jeroni Rosselló, Manuela de los Herreros, Mateu Obrador, Miquel Costa i Llobera, Joan Alcover, Miquel dels Sants Oliver, Pere Orlandis, Bartomeu Ferrà, Gabriel Alomar, Maria Antònia Salvà, Emília Sureda, Josep Carner, Josep Tous i Maroto, Llorenç Riber, Miquel Ferrà, Miquel Duran Saurina, Miquel Forteza Pinya, Joan Pons i Marquès, Francesc Pomar, Bartomeu Rosselló-Pòrcel, etc. Los poetas de la generación de los cincuenta no tuvieron cabida en esta página, dado que se limitaba a autores ya fallecidos. Además, reprodujeron algunas series de poemas populares extraídos del Cançoner Popular de Mallorca, del P. Ginard, a menudo coincidiendo con la publicación de los distintos tomos. También se presentaron fragmentos de Ramon Llull y de Anselm Turmeda y diferentes versiones del Cant de la Sibil·la. En pocas ocasiones la Pàgina literària dio paso a autores castellanos.
Durante casi todo el año 1969 Maria Antònia Salvà ocupó la Pàgina literària con motivo de haberse cumplido el décimo aniversario de su muerte. Está claro que había una preferencia estética hacia los autores de la Escuela Mallorquina (Salvà con mucha ventaja sobre todos los demás, seguida de Costa y Llobera) y, en menor grado, hacia los de la Renaixença. Es muy curioso el planteamiento de la publicación ante dos autores de izquierdas y anticlericales: Gabriel Alomar, de quien el P. Colom discute sus ideas respecto a la religión, pero admite el valor de su poesía de tono clásico, y Bartomeu Rosselló-Pòrcel, que presenta como un «poeta innovador». En cualquier caso, cabe destacar que esta Pàgina literària intentó aproximar nuestra literatura a los lectores en un momento en que esta tarea era muy necesaria.
A menudo El Heraldo de Cristo conmemoró efemérides literarias. Así, dio cuenta de la muerte de los escritores mallorquines, con artículos necrológicos sobre Mateo Obrador, Miquel dels Sants Oliver, Miquel Costa i Llobera, Josep M. Tous i Maroto, Mn. Antoni M. Alcover, Maria Antònia Salvà, Joan Ramis d’Ayreflor, Gabriel Cortès, etc. También comentaron la muerte de Pablo Neruda y en 1970 conmemoraron los centenarios del deceso de Gustavo Adolfo Bécquer y de José M. Gabriel y Galán o el cincuentenario del óbito de Rubén Darío, en 1966. Otras efemérides que hay que destacar son el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Miquel Costa i Llobera en 1947, los veinticinco años del fallecimiento de Joan Alcover en 1951 o los cincuenta años de la muerte de Bartomeu Ferrà en 1974. Igualmente, se conmemoró el centenario del nacimiento y décimo aniversario de la muerte del escritor danés Johannes Jörgensen, autor de una biografía de san Francisco, y el séptimo centenario del nacimiento de Dante Alighieri en 1955.[11]
La narrativa y el teatro en El Heraldo de Cristo
La presencia de obras narrativas en las páginas de El Heraldo... es muy inferior a la de la poesía, si bien durante muchos años publicaron prosas de carácter costumbrista, a menudo con seudónimos (como las firmadas por Es Vey de Son Alegre en los años veinte), que sobre todo tenían un objetivo moralizador. Otras veces se trataba de narraciones en castellano, también moralistas, como las de Santiago Vilella. Del mismo modo, podemos considerar como narraciones los textos que el P. Rafel Ginard publicó en la sección «Ensalada mallorquina» y que firmaba con el seudónimo Tià de Sa Real. En esta sección, desde septiembre de 1939 hasta el marzo de 1940, Ginard dio a la imprenta una «Contarella lul·liana per infants» para aproximar la figura de Llull a los más pequeños. Durante la década de los años cuarenta y cincuenta, El Heraldo... publicó «cuentos morales», siempre en castellano, según las directrices del nacionalcatolicismo y destinados a inculcar las buenas costumbres.[12]
El teatro es el género menos adecuado para ser editado en una revista. En plena Guerra Civil, El Heraldo de Cristo inició la publicación en sus páginas de breves obras dramáticas. En diciembre de 1936, apareció la pequeña pieza titulada «El mestre d’escola», escrita por fray Miquel Caldentey y musicada por fray Antoni Riera,[13] que inauguró una sección titulada Galería teatral. Se subtitulaba «Sainet mallorquí, en tres actes i en vers». Se trataba de una pieza inofensiva, que había sido representada por los alumnos de la Porciúncula en enero de 1936, de tono humorístico y que presentaba una escena escolar. En los meses de febrero y de marzo de 1937 apareció en El Heraldo... otro pequeño sainete costumbrista, «El fusteret de la parròquia», con texto también del P. Miquel Caldentey y música del P. Antoni Martorell. Estas piezas eran inofensivas, pero fueron seguidas por otras de carácter político y propagandista a favor del fascismo. En septiembre de 1937 se publicó «Un mal glop», subtitulada «Pas cómic mallorquín», en catalán coloquial y firmada por Maria Esteve de Vicens (en realidad, Maria Esteve Blanes, 1880-1966). En esta breve pieza dos personajes del pueblo, un señor y un pobre, discuten: el primero está a favor de la República y el segundo a favor de los sublevados. Entonces, un falangista y un requeté obligan a beber aceite de ricino al republicano, lo que le lleva, ahora convertido por fuerza al fascismo, a esta conclusión:
Falanges i Requetés.
compliu bé vostro destino.
Anem en santa companya
a ca-meva a refrescar,
però abans hem de cridar
tots plegats: «Arriba Espanya»!
Curiosamente, el personaje republicano escarmentado es el señor, lo que sugiere que el fascismo es un movimiento en favor de los obreros, mientras que la República es un régimen burgués que explota a los trabajadores. Esta pieza teatral ya mereció la atención de Josep Massot i Muntaner y de Antoni Nadal, dado que realmente blanqueaba y justificaba la brutal represión fascista que en ese momento se llevaba a cabo en Mallorca.
Ya en 1938 El Heraldo de Cristo publicó una serie de piezas breves anónimas, que llevan el título general de «Medallas y cruces de la guerra (Cuadros históricos de la cruzada española)». Las cinco entregas, divulgadas entre mayo y septiembre de 1938, son una muestra de la literatura de exaltación bélica. No hace falta comentar estos textos, porque el título ya es muy elocuente. Bastará con apuntar que el primero de estos cuadros reproduce unas palabras del general Millán Astray. Con estas piezas se pone fin a la breve aventura teatral de El Heraldo de Cristo.
El Cançoner Popular de Mallorca y El Heraldo...
Sin duda, uno de los hitos culturales de la T.O.R. fue la recopilación del Cançoner Popular de Mallorca, a cargo del P. Rafel Ginard. No podemos hablar de ello con el detalle que la obra merece, pero queremos remarcar su relación con El Heraldo... En primer lugar, la recogida de las canciones populares fue posible gracias a la condición de fraile predicador del P. Ginard, que le permitió recorrer prácticamente todos los pueblos de Mallorca, donde pudo copiar canciones populares y, lo que todavía era más importante, crear una extensa red de colaboradores en cada pueblo, que le enviaban canciones populares. Si bien la condición de eclesiástico cohibía a algunos de los informadores a la hora de recitarle algunas poesías de contenido erótico, también es cierto que le abrió muchas puertas que, seguramente, habrían permanecido cerradas a un seglar. El propio P. Ginard nos cuenta muchas de las aventuras vividas en estas cacerías de gloses en su librito El Cançoner Popular de Mallorca (1960).
Como ya hemos dicho, El Heraldo de Cristo le sirvió para ensayar la publicación de muchas de las canciones que después formarían parte de los cuatro volúmenes del Cançoner... En la sección «Breviario Popular», desde 1948 hasta 1954, Ginard publicó canciones y romances tradicionales que había recogido, acompañados de artículos explicativos. Los artículos de esta sección se complementan con otros sobre poesía popular, anteriores y posteriores a la serie, que también aparecieron en El Heraldo... En este sentido, el boletín fue una especie de laboratorio o taller, donde Ginard empezó a dar forma a su obra más relevante.
Finalmente, hay que subrayar la labor de difusión que El Heraldo de Cristo hizo del Cançoner Popular de Mallorca, de Ginard. La revista daba noticia de cuanto se relacionaba con este proyecto inmenso: concesión de premios, publicaciones de volúmenes y estudios, etc. Así, el P. Miquel Colom comentó los tres primeros volúmenes[14] del Cançoner... en las páginas de El Heraldo...
Un apunte sobre el lulismo
En otras ocasiones ya hemos hablado de la labor del P. Rafel Ginard, del P. Miquel Colom y del P. Miquel Tous en el terreno del lulismo.[15] No puedo dejar de subrayar aquí el trabajo del P. Miquel Tous Gayà (1913-1973), quien en 1950 prosiguió la edición de las obras de Ramon Llull, interrumpidas a causa de la enfermedad de Mn. Salvador Galmés, publicando el volumen XXI, que reúne el Libre de Home, Libre de Ànima Racional y el Libre dels Àngels. Un trabajo que, lamentablemente, no tuvo continuidad.
Además, cabe recordar que durante los años 1939 y 1940 apareció Randa. Suplemento Ilustrado de Estudios Lulianos del Heraldo de Cristo, adjunto a El Heraldo de Cristo, lo cual indica el interés de la revista por el Doctor Iluminado.
Finalmente, quisiera destacar la abundancia de artículos sobre Ramon Llull que encontramos en El Heraldo… y el número considerable de autores que los firman, que algún día tendrán que ser objeto de un trabajo detallado. No se trata tan solo de los numerosos textos que publicó el P. Ginard o de los que le dedicó el P. Colom en la sección «Cuestiones lulianas», que fueron recogidos en un libro del mismo título en 1998. Quisiera remarcar también el sinfín de trabajos firmados por religiosos franciscanos, que ocupan muchas páginas de El Heraldo... Entre ellos cabe destacar los del P. Miquel Caldentey en la sección «Estudios lulianos. Devociones lulianas». Aunque no se trate de un lulismo científico o académico, sino puramente religioso, estos textos hacían de Ramon Llull un referente constante dentro de El Heraldo... y subrayaban la intensa relación del Doctor Iluminado con los franciscanos.
Conclusiones
El Heraldo de Cristo fue una revista religiosa que demostró un gran interés cultural y literario. La poesía fue el género que con mayor frecuencia ocupó sus páginas. Cabe preguntarse si, en realidad, no había una razón de fondo en este cultivo del género lírico, ya que san Francisco de Asís también fue poeta. En cualquier caso, los vates mallorquines siempre tuvieron un rincón en la revista y esta les dedicó su atención. A pesar de ser una publicación en castellano, el catalán fue la lengua mayoritaria de las composiciones líricas aparecidas en el boletín. El Heraldo... se ciñó a unos esquemas estéticos muy clásicos, poco favorables a las innovaciones, tanto formales como temáticas. En este contexto destacaron dos poetas: el P. Rafel Ginard Bauçà y el P. Miquel Colom Mateu. Pero, tanto uno como otro, quizás movidos por un profundo sentido de la modestia, difundieron poco su obra y, apartados de las nuevas corrientes estéticas, quedaron reducidos a la categoría de epígonos de la Escuela Mallorquina. En cambio, se centraron más en obras de investigación humanística, como la recopilación del cancionero popular o el estudio del vocabulario de Ramon Llull. Los otros géneros literarios tuvieron menos importancia en El Heraldo… Sin embargo, no podemos olvidar la atención que la revista dedicó a la lengua y a la cultura de Mallorca, a la difusión de nuestro pasado literario —especialmente de Ramon Llull y del lulismo— y al fomento en general de las letras y de la cultura.
[1] Agradezco a Miquel Pastor y al Servicio de Biblioteca y Archivo de la Universitat de les Illes Balears haberme facilitado la consulta de El Heraldo de Cristo digitalizado cuando todavía el enlace no era público.
[2] FULLANA PUIGSERVER, P., El moviment catòlic a Mallorca (1875-1912), Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona, 1994, pp. 404-405.
[3] «Los franciscanos T.O.R. de Mallorca, ya desde sus inicios, fueron muy sensibles al culto y salvaguarda de nuestra cultura.» SASTRE, N., Cien años de presencia de la T.O.R. en España y sus fundaciones en América (1893-1993), 1993, p. 317.
[5] «Su Santidad Pio X ha dirigido una carta á un célebre y conocido escritor católico de Suiza, el cual le había dedicado á su Santidad en época reciente una obra sobre el modernismo literario. En la referida carta le advierte lo peligroso que ese modernismo es, y lo compara en el peligro con el modernismo social, y por último, termina la carta excitando á todos los escritores católicos para que se abstengan del modernismo en sus escritos.» «Contra el modernismo literario», El Heraldo de Cristo (1-10-1910), pp. 243-244. [Dado que la numeración de El Heraldo de Cristo llega a ser caótica y llena de errores, solo indicamos la fecha de publicación. Abreviamos el título de la publicación con las siglas EHC].
[6] Una reseña nos describe el libro como un tipo de poesía inocua y de tono costumbrista: [...] «un elegante tomito de suaves y delicadas poesías. En su mayor parte son de carácter descriptivo y pintan con viveza y maestría las costumbres típicas y cristianas de la vida campestre en nuestra tierra. Exhalan todas, aromas puros y están inspiradas en la piedad y en el amor á las sanas costumbres de nuestro pueblo.» EHC (1-12-1910), p. 277. También se edita una reseña del libro en la Revista de Menorca, 9 (1910), pp. 366-368.
[7] En cuanto a la calidad de su obra, es muy elocuente la nota con que, muchos años más tarde, en diciembre de 1973, el redactor de El Heraldo de Cristo acompaña un poema suyo, aparecido anteriormente en 1923, en homenaje a su tío Pere d’Alcàntara Penya: «No pel seu valor literari, escassíssim, sinó pel de document, ara, cinquanta anys després, reproduïm aquests versos que l’autora dedicava al seu oncle quan es complia el centenari del seu naixement, com ho diu en la dedicatòria» (EHC, 1-12-1973).
[8] Vid. ROSSELLÓ BOVER, P., «La poesia del P. Miquel Colom Mateu i Ramon Llull» (en premsa).
[9] LLOMPART, J. M., «La pervivencia de Mn. Alcover (Balanç d’un centenari)», EHC, 1-3-1962, pp. 16-17.
[10] Es el caso del poema de PALAU I CAMPS, J.M., «Francesc, hàbit burell», EHC (1-10-1961), p. 17.
[11] El Heraldo de Cristo publicó numerosos artículos sobre Dante de escritores y estudiosos como Lino Temperini, Gabriel Andreozzi, Galo Serrano, Guillem Colom, etc., así como poemas dedicados al escritor italiano y fragmentos de traducciones de la Divina Comedia, de Josep M. de Sagarra y de Andreu Febrer (s. xv).
[12] También publican una traducción al castellano del cuento de Alphonse Daudet «El párroco de Cucugnan», sin indicar el nombre del autor (EHC, 1-6-1951).
[13] La partitura no se publicó en la revista.
[14] No así el volumen IV ya que apareció en 1975, cuando el boletín había desaparecido.
[15] Vid. Los artículos de ROSSELLÓ BOVER, P., «Los franciscanos de Mallorca y el lulismo durante la posguerra: la aportación de Rafel Ginard Bauçà, Miquel Colom Mateu y Miquel Tous Gayà», Archivo Íbero-Americano, 76, 282 (2016), p 319-344; «L'aportació de Rafel Ginard i Bauçà al lul·lisme», Actes de l'Onzè Col·loqui Internacional de Llengua i Literatura Catalanes. Palma (Mallorca), 8-12 de setembre de 1997, vol. I, Associació Internacional de Llengua i Literatura Catalanes, Universitat de les Illes Balears i Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1998, pp. 157-181; Els camins de la cançó. Vida i obra del P. Rafel Ginard Bauçà, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat i Universitat de les Illes Balears, 1999; y El pare Rafel Ginard i Bauçà i Ramon Llull, Sant Joan (Mallorca), 2008.