Appiah, Kwame Anthony, Captive Gods: Religion and the Rise of Social Science, Yale University Press, The Terry Lectures Series, 2025, 344 pp., ISBN 978-0300233063
Seton Hall University
Los dioses cautivos del pensamiento moderno
En Captive Gods: Religion and the Rise of Social Science, Kwame Anthony Appiah propone una genealogía intelectual del pensamiento social moderno en la que la religión ocupa un lugar decisivo. Lejos de concebirla como un mero objeto de estudio entre otros, Appiah muestra cómo la religión fue el punto de partida, y el molde estructural, desde el cual se configuraron las categorías fundacionales de las ciencias sociales: sociedad, cultura, comunidad, norma o valor. Dicho de otro modo, la religión no solo estuvo en el origen temático de la sociología o la antropología, sino en el origen conceptual de su propio modo de pensar.
El autor examina con agudeza a los principales fundadores de la reflexión social, Edward B. Tylor, Émile Durkheim, Georg Simmel y Max Weber, reconstruyendo las formas en que cada uno de ellos intentó comprender el fenómeno religioso y, al hacerlo, dio forma a un determinado modelo de lo humano y de lo colectivo. Appiah no traza una historia lineal, sino un mapa de tensiones y desplazamientos: del pensamiento teológico a la racionalidad científica, de la unidad de lo sagrado a la fragmentación analítica de la cultura. La transición que describe no representa una ruptura definitiva, sino una mutación: las viejas categorías religiosas, secularizadas, pasaron a habitar el discurso científico bajo nuevas denominaciones.
Uno de los méritos más notables de la obra radica en su lectura crítica de los presupuestos culturales y morales que subyacen a la construcción de las ciencias sociales. Appiah advierte cómo los primeros teóricos operaban, a menudo sin reconocerlo, desde un horizonte eurocéntrico y teológico, y cómo esos marcos de comprensión continúan influyendo en los modos actuales de estudiar la religión y la sociedad. El autor invita así a una revisión profunda de los «dioses cautivos» que aún perviven en el pensamiento académico contemporáneo, es decir, de aquellas nociones heredadas que seguimos utilizando sin someterlas a examen filosófico.
El libro combina erudición histórica con una filosofía de gran claridad. Appiah no se limita a narrar el desarrollo de las ideas, sino que reflexiona sobre las condiciones éticas, epistemológicas y políticas que las hicieron posibles. En este sentido, su análisis de Weber y Durkheim, dos de los casos más paradigmáticos, resulta particularmente sugerente: mientras el primero indaga en la racionalización de la vida moderna desde la ética protestante, el segundo descubre en lo sagrado la estructura simbólica de toda sociedad. Appiah muestra cómo ambos intentos de comprender el orden social no se liberan del todo de las categorías religiosas que pretenden sustituir.
La obra concluye con una proyección hacia los debates contemporáneos en torno a la secularización, la psicología moral y la interpretación cultural. En un mundo donde las fronteras entre lo religioso y lo secular se vuelven cada vez más porosas, Appiah invita a reconocer la persistencia de las formas simbólicas que configuraron el pensamiento moderno. Captive Gods sugiere, en suma, que el problema de la religión no puede ser separado del problema del conocimiento, porque ambos comparten una misma raíz: la búsqueda de sentido en la experiencia humana.
Si bien el enfoque se concentra en el ámbito europeo, y podría ampliarse hacia otras tradiciones intelectuales no occidentales, el texto ofrece una contribución de gran valor para comprender la continuidad entre la teología, la filosofía y las ciencias sociales. Con una escritura precisa y una reflexión conceptualmente rigurosa, Appiah devuelve al lector la conciencia de que toda teoría sobre lo social encierra, en el fondo, una pregunta sobre lo sagrado.
Captive Gods es, por tanto, una obra indispensable para quienes investigan en filosofía de la religión, historia de las ideas y teoría social. Su lectura ofrece no solo un examen de la modernidad desde sus raíces espirituales, sino también una invitación a repensar la tarea filosófica como crítica de las categorías que aún gobiernan nuestro modo de comprender el mundo.